Estupidencias
21/06/07 21:16 Archivado en: Curiosidades | Personal
Hoy ha sido uno de esos días de trabajo en los que el calor, el agobio de la gente y la estulticia y estupidez de algún que otro imbécil que pulula por este mundo hace que cuando llegue a casa me encuentre más cansado que de costumbre.
Pero ello no me resta ganas ni fuerzas para escribir -de forma poco usual- un artículo entre semana. Ya sabéis que yo suelo dedicarme a mi blog durante los fines de semana, principalmente.
Y viene a cuento todo este rollo porque hoy ha pasado por la tienda en que trabajo un elemento que dice ocupar un puesto de cierta responsabilidad en un ayuntamiento de cuyo nombre no quiero acordarme.
Lo atendió muy amablemente una de nuestras compañeras, preocupándose de que lo que el señor quería estuviese disponible y lo pudiese ver antes de comprar, etc., etc.
Pero el señorito, amigo de otro de nuestros compañeros de trabajo debió de sentirse ofendido con el aspecto de nuestra compañera, una mujer bellísima, por cierto, porque sin venir a cuento hizo una serie de observaciones “morales” que parecen sacadas del libro de la santa (o maldita) inquisición.
Por lo visto le molestaba que nuestra compañera tuviese un tatuaje en el pie y, no contento con ello, arremetió contra el horario de apertura de la tienda, que si él nunca consentiría a sus empleados tener tatuajes, que si el local se abriese a las 9:30 exigiría a éstos llegar a las 9:10, que si nada de atender a los clientes masticando chicle, que si hay que llevar uniformidad, etc.
Y todo esto para una tienda familiar en la que no hay exigencia de uniforme, se empieza a la hora que se abre y siempre se atiende a los clientes de forma exquisita. Por algo somos unos cuantos los que llevamos muchos años allí.

Lo que me toca las narices es que haya elementos de este tipo ocupando cargos relevantes, con esa mentalidad retrógrada, ignorante y zafia, además de amigos de sembrar cizaña entre compañeros de trabajo.
Yo podría haber contestado a este señorito que dejase de decir gilipolleces, que se metiera su carácter inquisidor por el culo, que dejase de apestar el ambiente con el hedor de su aliento y que se dedicase a hacer más el amor, pero yo soy, ante todo, un caballero y no me meto en conversaciones ajenas a no ser que se me nombre directamente.
Eso sí, en el momento en que me exijan reglas ridículas y que nada o poco tengan que ver con la cordura, el sentido común y el buen gusto, dejaré de formar parte de “semejante esperpento”. Mi salud mental y mi amor propio valen mucho más que un gilipollas de estos…
Como diría José DLF, un socio del foro LSPM: Paz y Sexo.

MACnolo, a 21 de Junio de 2007, escuchando chill out para relajarme.
Y viene a cuento todo este rollo porque hoy ha pasado por la tienda en que trabajo un elemento que dice ocupar un puesto de cierta responsabilidad en un ayuntamiento de cuyo nombre no quiero acordarme.
Lo atendió muy amablemente una de nuestras compañeras, preocupándose de que lo que el señor quería estuviese disponible y lo pudiese ver antes de comprar, etc., etc.
Pero el señorito, amigo de otro de nuestros compañeros de trabajo debió de sentirse ofendido con el aspecto de nuestra compañera, una mujer bellísima, por cierto, porque sin venir a cuento hizo una serie de observaciones “morales” que parecen sacadas del libro de la santa (o maldita) inquisición.
Por lo visto le molestaba que nuestra compañera tuviese un tatuaje en el pie y, no contento con ello, arremetió contra el horario de apertura de la tienda, que si él nunca consentiría a sus empleados tener tatuajes, que si el local se abriese a las 9:30 exigiría a éstos llegar a las 9:10, que si nada de atender a los clientes masticando chicle, que si hay que llevar uniformidad, etc.
Y todo esto para una tienda familiar en la que no hay exigencia de uniforme, se empieza a la hora que se abre y siempre se atiende a los clientes de forma exquisita. Por algo somos unos cuantos los que llevamos muchos años allí.
Lo que me toca las narices es que haya elementos de este tipo ocupando cargos relevantes, con esa mentalidad retrógrada, ignorante y zafia, además de amigos de sembrar cizaña entre compañeros de trabajo.
Yo podría haber contestado a este señorito que dejase de decir gilipolleces, que se metiera su carácter inquisidor por el culo, que dejase de apestar el ambiente con el hedor de su aliento y que se dedicase a hacer más el amor, pero yo soy, ante todo, un caballero y no me meto en conversaciones ajenas a no ser que se me nombre directamente.
Eso sí, en el momento en que me exijan reglas ridículas y que nada o poco tengan que ver con la cordura, el sentido común y el buen gusto, dejaré de formar parte de “semejante esperpento”. Mi salud mental y mi amor propio valen mucho más que un gilipollas de estos…
Como diría José DLF, un socio del foro LSPM: Paz y Sexo.
MACnolo, a 21 de Junio de 2007, escuchando chill out para relajarme.
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