La cutrez se disfraza de humor
25/05/08 08:56 Archivado en: Curiosidades | Personal
Está claro que en España lo cutre está de moda. No es que yo sea un acérrimo defensor de la formalidad, la seriedad ni de galas musicales como Eurovisión, no.
Lo digo porque cada vez es más frecuente ver, a diario, ejemplos de vulgaridad por todas partes; gente mal hablando, poco o ningún respeto hacia los demás, mal gusto para casi todo (el vestir, el comportamiento, estética, etc.)
Y lo de anoche en Eurovisión fue un ejemplo de lo más claro: que el pueblo de España, en una gran mayoría, haya elegido a Rodolfo Chikilicuatre para que nos represente en semejante gala ya lo dice todo. Estamos yendo hacia una “cultura” en la que lo ridículo se pone de moda, con la falsa pretensión de reírnos de nosotros mismos. Sí, esto me recuerda a cuando nos caemos por un resbalón; si no hay nadie mirando bajamos a todos los santos, pero si alguien nos ve, esbozamos una amplia sonrisa o una carcajada al tiempo que mascullamos un “¡qué caída más tonta!”
Recuerdo una vez, en la oficina de la tienda donde trabajo, había comenzado a trabajar hacía poquitos días una niña de 19 años haciendo labores de auxiliar administrativo. Uno de mis compañeros, un administrativo, que solía poner música española en una pequeña radio que tenía al lado de su mesa, estaba escuchando en aquel momento un tema de reggaeton. Extrañado, le pregunté que si había cambiado su gusto musical y me respondió que había que adaptarse a todo, señalándome a su nueva “vecina” de mesa y con una sonrisa en la boca.
La chica se giró y me preguntó si no me gustaba el reggaeton, a lo que yo, lógicamente, respondí que no. Y ella, con una cara de asombro descomunal me soltó una frasecita de lo más absurdo:
¡Qué basto! Entonces…¿tú qué música escuchas?
Dejando de lado las pocas luces de muchos jovencitos de reciente hornada, también me he encontrado (y me encuentro) a gente que “se adapta” a las nuevas tendencias. Al menos eso es lo que ellos creen o dicen, cuando la realidad es que se dejan influenciar por modas y modismos, sin tener en cuenta qué es lo que les gusta realmente o, en el mejor de los casos, no lo muestran en público por vergüenza. Porque, digo yo, ¿qué hay de malo en reconocer que te gustan las rancheras o el folclore? ¿Te avergüenzas? ¿Y por eso “pinchas” reggaeton en el coche con tu recién comprado equipo de 2000 €?
Esto, queridos lectores, que parece de ficción, es lo que me pasó con un conocido y cliente. Que por “adaptarse” a las modas escucha a todo trapo en su coche lo que suena en las radiofórmulas, en Operación Triunfo y en Fama.
Como diría aquel político: ¡Manda huevos!
Y lo de anoche en Eurovisión fue un ejemplo de lo más claro: que el pueblo de España, en una gran mayoría, haya elegido a Rodolfo Chikilicuatre para que nos represente en semejante gala ya lo dice todo. Estamos yendo hacia una “cultura” en la que lo ridículo se pone de moda, con la falsa pretensión de reírnos de nosotros mismos. Sí, esto me recuerda a cuando nos caemos por un resbalón; si no hay nadie mirando bajamos a todos los santos, pero si alguien nos ve, esbozamos una amplia sonrisa o una carcajada al tiempo que mascullamos un “¡qué caída más tonta!”
Recuerdo una vez, en la oficina de la tienda donde trabajo, había comenzado a trabajar hacía poquitos días una niña de 19 años haciendo labores de auxiliar administrativo. Uno de mis compañeros, un administrativo, que solía poner música española en una pequeña radio que tenía al lado de su mesa, estaba escuchando en aquel momento un tema de reggaeton. Extrañado, le pregunté que si había cambiado su gusto musical y me respondió que había que adaptarse a todo, señalándome a su nueva “vecina” de mesa y con una sonrisa en la boca.
La chica se giró y me preguntó si no me gustaba el reggaeton, a lo que yo, lógicamente, respondí que no. Y ella, con una cara de asombro descomunal me soltó una frasecita de lo más absurdo:
¡Qué basto! Entonces…¿tú qué música escuchas?
Dejando de lado las pocas luces de muchos jovencitos de reciente hornada, también me he encontrado (y me encuentro) a gente que “se adapta” a las nuevas tendencias. Al menos eso es lo que ellos creen o dicen, cuando la realidad es que se dejan influenciar por modas y modismos, sin tener en cuenta qué es lo que les gusta realmente o, en el mejor de los casos, no lo muestran en público por vergüenza. Porque, digo yo, ¿qué hay de malo en reconocer que te gustan las rancheras o el folclore? ¿Te avergüenzas? ¿Y por eso “pinchas” reggaeton en el coche con tu recién comprado equipo de 2000 €?
Esto, queridos lectores, que parece de ficción, es lo que me pasó con un conocido y cliente. Que por “adaptarse” a las modas escucha a todo trapo en su coche lo que suena en las radiofórmulas, en Operación Triunfo y en Fama.
Como diría aquel político: ¡Manda huevos!
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