Locos al volante
Una cosa muy curiosa y alarmante que he notado y que me han confirmado algunos conocidos que trabajan como agentes de la autoridad es que el mayor porcentaje de temeridad se lo llevan (adivinen)…los jóvenes, sí, pero en mayor número chicas jóvenes.
No me tachen de machista, a continuación les voy a enumerar algunos comportamientos, estúpidos en algunos casos, anecdóticos en otros y muy graves en unos pocos.
El “embalao”:
Este es un tipo de conductor, joven por lo general, que va siempre con prisas a todos lados. No respeta los límites de velocidad ni las señales de tráfico. Debido a la creciente congestión del tráfico cada vez tienen menos oportunidades para “embalarse” en ciudad, así que por fortuna, aprovechan las autopistas para ello.
El despistado:
Este va como un lelo a todas partes, de modo que cuando llega a su destino sufre un repentino ataque de “despertar” y se pregunta cómo, dónde, cuando y por qué ha llegado hasta allí.
Casi nunca se da cuenta de que se ha parado un metro por delante del stop o que no ha hecho un ceda el paso.
Habría que ponerle delante señales de este tipo:

El pasota:
Este es parecido al anterior, sólo que sí se da cuenta de lo que hace. En la mayoría de los casos apura hasta el último momento para no respetar los pasos de peatones, semáforos o señales de stop. O sea, te ve, pero se hace el loco.
Durante el último mes me he encontrado docenas de casos y todos eran señores mayores o niñas jovencitas con coches recién estrenados.
Recuerdo una tarde en la delante de mí iba una chica con un cochecito de bebé y, al aproximarnos a un paso de peatones, aunque la velocidad en aquel tramo era muy baja (no más de 20 Km/h), debido al mal estado de la calzada, y al adentrarse en el paso de cebra porque la daba tiempo a cualquier vehículo a frenar, observé asombrado como una jovencita de las mencionadas, pasó casi rozando el cochecito de bebé. Lógicamente mi irá explotó en una serie de insultos en increpaciones hacia el coche que se alejaba tan tranquilamente. La muy gilipollas me sacó el dedo por la ventanilla. Y la mamá del bebé se quedó sin poder articular palabra.

Estos son un caso especial. En muchas ocasiones pienso lo sufrido que debe ser manejar durante seis u ocho horas al día un trasto que pesa unas cuantas toneladas y mide más de cinco metros, así que me pongo en su lugar y prefiero facilitarles la labor, cediendo mi derecho al paso de peatones. Pero hay veces en que te encuentras a un cafre y aunque estés ya dentro del mismo paso de cebra, te pasa casi rozando los zapatos. ¡Coño! digo yo que tan difícil no es meter una marcha más corta y esperar un segundo más a que la gente acabe de pasar, en lugar de seguir con la marcha más larga y apurar para que no se te cale.
Los tuneados:

Estos van de guapos a todos lados, con el subwoofer a toda pastilla y con el coche casi dando botes, pero mi sorpresa ha sido encontrarme con que todos los que he visto han respetado las señales y los límites, parando muchos metros antes de los pasos de peatones para dejar pasar a la gente. Un puntazo a favor de los “tuneros”

Estos son unos tipos de cuidado, pues se creen con derechos que machacan los de los demás. Más claro: los que aparcan sobre las aceras, en las esquinas, sobre los pasos de peatones, los que no paran de acelerar sus motores en zonas donde transitan niños, con el peligro de inhalación de monóxido de carbono por parte de éstos. Es curioso que en muchos casos sean padres de niños los que dejan el coche mal aparcado para ir a recogerlos. Sí, ya lo sé, el tiempo, que siempre es poco y el aparcamiento, que nunca hay.
Estos también suelen aparcar delante de garajes, tengan vado o no. Si lo tiene, te dicen que es solo un momento, que han ido al super de la esquina. Pero no tienen en cuenta que uno lleva quince minutos esperando por ellos.
Y si el garaje no tiene vado, alegan su derecho a aparcar en un sitio en el que, teóricamente se puede, pero no tienen en cuenta que uno tenga que salir corriendo con una persona enferma o accidentada a urgencias, como ya me ha ocurrido en dos ocasiones. En una de ellas, gracias a tener vado en una calle muy congestionada de tráfico, logré salvar la vida de una vecina que se había atragantado y se estaba asfixiando, llegando en unos minutos al centro de urgencias.
El no-te-ví:
Este es un tipo de conductor al que no gusta de hacer favores. Es el que te ve por la calle y, justo cuando le ves, gira la cabeza para otro lado y se hace el loco.
Me hacen mucha gracia, pues parece que les vayas a pedir que te lleven.
El amable:
Bueno, este es de una especie en extinción, pues (casi) frena en medio de la calzada para llevarte, aunque solo te falten dos minutos para llegar al sitio donde vas. Buena gente, pero es una lástima que se esté perdiendo esta costumbre.
El “cuidadín”:

Ah, sí. El “cuidadín”. Este es un tipo de personaje, por lo general imbécil y estúpido, que pone en peligro a otros conductores y peatones. Veamos un par de ejemplos:
Por la zona donde trabajo hay un tipo que tiene un Ssang Yong Mussó, un todo terreno. Y le tiene puestas unas llantas de 17" con cubiertas de perfil bajo que, evidentemente, son de un turismo normal y corriente, más bien un deportivo, y hace que el mencionado todo terreno se quede literalmente pegado al suelo. Pues el tipo tiene la costumbre (ya lo he padecido cuando me tocaba ir detrás suyo en mi coche) de ir despacito a todos lados, pues el coche le roza hasta con los badenes (guardias muertos) que hay en la calzada.
Lo dicho: imbécil y gilipollas total.
Otro caso: este es el típico conductor que se acaba de comprar su primer todo terreno y cada vez que llega a un bache o badén, frena alocadamente para que no se le escoñe la suspensión, con el consiguiente susto del que va detrás, que piensa que al tipo de delante se le ha cruzado un niño, una pelota o un gato.
No me digáis que no os habéis topado con uno de éstos alguna vez.

Sí, esta raza es de los que siempre han tenido un coche de mierda y cuando se compran uno nuevo, “de paquete”, vamos, van por ahí como si se hubiesen sacado la lotería y adquirido título nobiliario pues no conocen a nadie y van con la cabeza estirada de tal forma que parece que en en lugar de la calzada estén mirando el techo del coche.
¡Qué pobres de espíritu!
El poderoso:

Éste es similar al anterior, pero con la diferencia de que sí tiene dinero y propiedades. Normalmente son empresarios acostumbrados a obtener lo que quieren y van por ahí con su coche sin respetar nada, pensando que los pasos de peatones, semáforos y demás es para el que no pueda pagar una multa. No tienen en cuenta las vidas de los demás. No exagero. Hace unos días me topé con uno de estos hijos de… que me hizo una jugarreta; iba conduciendo el coche de mi esposa, con la niña sentada en el asiento trasero, en su silllita. Al rodear una plazoleta y aproximarme a un ceda el paso, justo cuando estaba a unos tres metros, un tipo de esta calaña que se aproximaba, gira la cabeza, me ve y…¡sigue sin frenar! El que tuvo que hacerlo fui yo. La niña se quejó del tirón que le dio el cinturón. Y el hijo de su madre siguió a velocidad de tortuga, como si con él no fueran los insultos que yo le profería a través de la ventanilla abierta. No era momento de ir a poner una denuncia, pues era domingo por la tarde y me dirigía a un entierro.

Un tipo de conductor particularmente peligroso. Realmente estos tipejos piensan que a ellos no les va a pasar lo que ven en los anuncios de tráfico, en los powerpoint que les envían sus amiguetes por correo electrónico, ni en lo que dicen las estadísticas de accidentes. “Es un momento”, “No me voy a despistar”, “A mí no me va a pasar”, piensan. Hasta que se ven inmersos en un accidente o, en el mejor de los casos, un susto por tener que frenar delante de un niño o un peatón.
Si eres de éstos, no te lo pienses; ninguna llamada de móvil merece la pena, aunque sea de Shakira o de Carlos Baute. Y si no, cómprate un manos libre ¡coño! que están baratos…
El chófer novato con coche nuevo:

Ufff…éstos son de lo peor. Y si el coche es de mucha potencia, malo, malo. No conozco a nadie que reuniendo estos tres requisitos haya llegado al año sin tener algún tipo de percance con el coche. Ojalá todo quedase en el roce contra la columna del parking…
Estoy seguro de que hay muchos más tipos de conductores que se me quedan en el tintero, pero estos son los más habituales y, de momento, yo no pertenezco a ningún grupo. Al menos hasta que me compre otro coche.
Tened cuidado ahí afuera.


