Fulanito de Tal
El Gobierno de España, manejado por políticos corruptos y políticos incompetentes (algunos honrados hay, pero de todos es sabido que la fruta buena se pudre si en el cesto hay alguna mala) ha puesto en marcha algunos planes de ahorro energético y tiene otros preparados para un futuro cercano.
Para empezar, han aumentado la edad de jubilación a los 67 años, en lugar de los 65 que estaba estipulada antes de esta crisis. Ahora se han sacado de la manga que para ahorrar petróleo hay que reducir los límites de velocidad en las autopistas nacionales a 110 Km/h.
No está mal, si no tenemos en cuenta que las multas de los diputados las pagamos los españoles con nuestros impuestos y que ellos usan coches particulares con un consumo de combustible por encima de la media de cualquier utilitario que a duras penas puede pagar un padre de familia mileurista.

Viñeta cortesía de Padylla
Yo también he puesto en marcha mis propios planes de ahorro en mi casa, para poder llegar a fin de mes y, si hay suerte, contratar un plan de pensiones que me permita vivir cómodamente cuando me jubile, porque tengo claro que con lo que me pague el estado me voy a morir de hambre.
Para empezar, he hecho un esfuerzo y he cambiado todas las bombillas de casa por las electrónicas de bajo consumo. Espero que me duren al menos las 8.000 horas que anuncia el fabricante, porque aunque todos sabemos que se podrían fabricar para que durasen más de 15.000 horas, los gobiernos mundiales, mediante planes secretos destapados recientemente, han acordado que su duración sea inferior para promover el consumo y el movimiento de la economía mundial, sin tener en cuenta el agotamiento de los recursos naturales del planeta.
La encimera vitrocerámica también la he cambiado por una de gas, porque es más barato y así pagaré menos electricidad cada mes. Electricidad que ya ha subido varias veces en menos de dos años y se prevé otra subida dentro de seis meses. Ignoro si lo hacen de forma justificada o en realidad para que no nos dejemos el ordenador encendido toda la noche, descargando archivos de internet, por poner un ejemplo.
A propósito de esto; he decidido encender lo menos posible mi ordenador de sobremesa y me he comprado un portátil de segunda mano, porque consume menos y así poder descargar las películas que no puedo ver en el cine porque no me llega el sueldo (y porque las palomitas están por las nubes) y las series que no puedo ver en la tele porque cuando ya han puesto el tercer intermedio de 15 minutos de publicidad ya me he quedado dormido, tras una larga jornada laboral de 9 horas que tiende a ser cada día mayor. Eso sí, después del visionado borro todos los archivos, so pena de que me acusen falsamente de comerciar con archivos piratas y me confisquen los ordenadores y tenga que pagar abogados para demostrar mi inocencia.
También me descargo libros de internet, que luego leo en mi teléfono móvil, que aunque tiene pantalla pequeña, ésta es de muy buena calidad y afortunadamente aún tengo muy buena vista. Además, me sale más barato comprar libros mediante la iniciativa Save The Children (1 libro, 1 euro). Y así, de paso, ayudo a los niños que lo necesitan, ya que el gobierno no tiene medios para ello (prefieren gastar 250.000 euros en pegatinas para las señales de tráfico).
He vendido mi coche. Más bien malvendido, porque a base de transitar durante años por las calles de la ciudad donde vivo, se me ha terminado de fastidiar la suspensión y no he podido arreglarlo por falta de dinero. Aunque no sé si debo demandar al ayuntamiento, pues en los veinte años que llevo conduciendo el mismo coche, las calles siguen siendo las mismas, con sus mismos baches y socavones, cada vez más pronunciados a causa de las lluvias. Y eso que pago religiosamente mis impuestos municipales. También he alquilado la plaza de garaje. Total, ya no la uso.
Para ir a trabajar lo hago en el coche de mi amigo Pancho, así vamos a medias con la gasolina (normal, que la súper no aporta más potencia, es falso, y es más barata que esta última). Aún así, nos sale más barato que el transporte público, que también tiene precios sospechosamente elevados y los chóferes van, en ocasiones, como kamikazes y mi (caro) seguro de vida no cubre accidentes de transporte público.
La tele apenas la pongo. No porque sólo haya telebasura, que la hay, e información manipulada por parte de intereses políticos y económicos, que la hay, sino porque consume mucha electricidad y no puedo permitirme comprar una de las nuevas, de LCD o LED, que gastan menos, pero cuestan una pasta. Además, me he enterado de que las grandes marcas de televisores han pactado los precios y paso de pagar un sobreprecio arbitrario por cualquier producto.
Tampoco uso mucho el calentador de agua, salvo por la noche, en que mis tres hijos deben tomar su baño. Yo prefiero ahorrar un poco más y ducharme con agua fría, que es lo que queda cuando ellos han terminado. Aún así, el ahorro apenas da para comprar un nuevo calentador cada dos años, pues los malditos tienen un ciclo de vida mucho menor que los de antaño. Las calderas de los nuevos parece que estén hechas de papel, pues siempre terminan rompiéndose al cabo de este tiempo, cuando antes me duraban hasta cinco o seis años. Este sería un claro ejemplo de la obsolescencia programada.
La calefacción, lo justito y sólo en invierno, que hace mucho frío, pero llevando abrigo en casa para poder poner el control del termostato a una temperatura no muy alta.
A veces me puedo permitir el lujo de comprar CD’s y DVD’s grabables para inmortalizar las fotos y los vídeos que hago a mis hijos, pero como en España me cobran un desorbitado impuesto por derechos de autor, aunque justifique de mil maneras que esos discos los usaré para grabar material de mi propiedad, hago las compras a una empresa alemana que vende a través de internet. Puedo comprar 200 ó 300 discos por poco más de 60 euros, incluyendo gastos de envío. Y sin pagar canon ni derechos de autor.

La música que escucho no la compro. Prefiero descargarla de webs como Jamendo, que es gratis, libre y legal Y si el disco que he descargado me gusta mucho, puedo hacer una donación de la cantidad que quiera al autor. Y tengo mucha música de mejor calidad que las que se venden en las tiendas a precios impensables para un padre de familia sin muchos recursos. Eso de pagar 12 ó 15 euros por un disco del cual te gusta una canción, que te obliguen a comprar el resto, que suele ser metralla, no va conmigo. Y menos si el artista que lo interpreta se las da de divo y se atreve a comparar sus derechos con los de los niños de África a recibir medicamentos.
Prefiero que me llamen pirata.
Tampoco me dan opción a comprar discos antiguos. No se encuentran por ningún lado, salvo en la mula o en webs como gomusicnow.com, en la que no me importa tener un poco de saldo para ir comprando algunos álbumes antiguos de vez en cuando.
En cualquier caso, como ya me cobran el famoso canon de forma indiscriminada y por varios medios, también ejerzo mi derecho a descargar cualquier obra protegida por los citados derechos de autor y valoro si me gusta y, si puedo, comprarla. Y ya son muchas, demasiadas, diría yo, las obras que he descargado, visto y escuchado que no me han gustado y he terminado borrando del disco duro. Si las hubiese pagado, ahora tendría en casa un montón de basura que con lo que me hubiese costado podría haber comprado un coche familiar de gama media.
En fin, de momento intento ahorrar todo lo posible, pero España va tan mal y los chupópteros que tenemos en el poder y en las administraciones son cada vez más sangrantes, que creo va a ser misión imposible, a no ser que esto reviente por algún lado.
Mientras tanto, seguimos en la brecha, haciendo filigranas y burlando al enemigo ![]()
Se despide de ustedes Fulanito de Tal, español de clase media intentando sobrevivir a la clase política actual.
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